La funcionaria del Cuerpo Superior de la Junta de Andalucía, Aurora Romera, fue una de las dieciséis personas que recibieron una absolución el viernes pasado por parte de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Sevilla, en relación con un supuesto amaño en el contrato para la concesión de la mina de Aznalcóllar. En una declaración, Romera compartió su alivio y felicidad, comentando que, a pesar de la angustia de la última década, siempre se sintieron tranquilos por haber actuado conforme a la verdad. Calificó este proceso judicial como un "calvario," mencionado que "es inconcebible haber vivido esta pesadilla solo por hacer nuestro trabajo."
En una emotiva entrevista en 'Hora 14', Romera expresó los profundos sentimientos de ella y de sus familiares a lo largo de estos diez años, señalando que, a pesar de las dificultades, su estado de ánimo ha mejorado considerablemente con la absolución. "No hay palabras para describir lo que hemos sentido, pero después de todo, estamos felices y tranquilos en nuestra realidad", afirmó, reflejando una mezcla de emociones tras la decisión judicial.
La sentencia absuelve a los acusados de cargos graves, incluyendo tráfico de influencias, prevaricación y malversación de fondos públicos, basándose en la falta de evidencias que respaldaran las alegaciones planteadas por Emerita Resources España S.L.U., SC Andalucía Mining y la Federación Provincial de Ecologistas en Acción, que fueron desestimadas como infundadas.
Romera también destacó la incredulidad que sintió durante toda la investigación. "Era difícil creer que esto sucediera, dado que solo estábamos cumpliendo con nuestras funciones", subrayó, enfatizando el impacto emocional que ese prolongado proceso tuvo en los involucrados.
Para la funcionaria, esta resolución judicial representa un acto de justicia, evidenciando la mala fe detrás de las acusaciones que los llevaron a un banquillo de los acusados de manera injusta. Criticó con firmeza a quienes permitieron que esto ocurriera, considerando todo este tiempo como una "mentira" que les fue impuesta.
Ante la extensa duración del caso, que se prolongó durante diez años, Romera manifestó su indignación por haber tenido que enfrentarse a un proceso penal. "El sufrimiento y el impacto emocional en nuestras vidas y familias son invaluables. Ha sido un camino duro e improcedente", lamentó, recordando el costo personal de esta experiencia.
Aunque se encuentran aliviados por la absolución, Romera señaló que la reputación social y profesional, así como el daño psicológico y físico, son heridos que tardarán en sanar. "Este daño es irreparable, pero tenemos que seguir adelante", reflexionó.
Con el veredicto afirmando que no existían pruebas que sustentaran las acusaciones, Romera expresó su asombro ante el hecho de haber llegado a un juicio en primer lugar. "Me pregunto cómo fue posible que sucediera, especialmente cuando tanto la fiscalía como la instructora concluyeron que no había delito ni pruebas". Acentuando su retrato de la situación, también dirigió la crítica hacia la magistrada que reabrió el caso, sugiriendo que debería responderse cómo se permitió que se llevara a cabo un juicio sin evidencias concretas. "Esa pregunta merece una respuesta clara", terminó diciendo Romera.
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