21/07/2026Contacto
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Cueva de Los Muñecos

Cueva de Los Muñecos

Reserva natural · Santa Elena (Jaén)
★★★★☆ 4.2 (40 reseñas)

Horario

  • domingo:  Abierto 24 horas
  • lunes:  Abierto 24 horas
  • martes:  Abierto 24 horas
  • miércoles:  Abierto 24 horas
  • jueves:  Abierto 24 horas
  • viernes:  Abierto 24 horas
  • sábado:  Abierto 24 horas

Opiniones de clientes

Observer Te está valorando ★★★★★

Espectacular cueva cerca de Santa Elena, a pocos kilómetros de la A 4, merece la pena desviarse y visitarla. Esta cueva en las estribaciones de despeñaperros, era un antiguo santuario ibérico, donde varios pueblos de la Carpetania y la Oretania, acudirían a rendir culto a las divinidades iberas, presentando exvotos o pequeñas figurillas a dichos dioses. El entorno es precioso y las vistas alucinantes. Rodeado de naturaleza.

8xxxmikaxxx6 ★★☆☆☆

El paisaje merece mucho la pena. Los senderos son bonitos y están señalizados. Sin embargo, como cualquier atracción sin vigilancia y abierta al público está vandalizado y apenas se ven las pinturas. El centro de visitantes que debió funcionar algún día y los paneles informativos están abandonadisímos.

José ★★★★★

Cueva de los Muñecos. Extracto de Apuntes para la historia de La Carolina, de Manuel Capel Margrito: El arqueólogo y crítico de arte, Sr. Camon Aznar (2), comenta, a propósito del Santuario Ibérico del Collado de los Jardines en Despeñaperros (Santa Elena), la posibilidad de que aquel fuese un templo levantado con "carácter salutífero” c a divinidades de los bosques, que poblaban en enorme extensión estos lugares, hasta más abajo de La Carolina. Opinamos, sin embargo, que la erección de los grandes santuarios ha tenido lugar siempre allí donde el hombre tuvo más que agradecer a los dioses o donde necesito en mayor medida su protección y concurso, máxime cuando se trata de manifestaciones necrolatrías, de culto a los muertos, expresado con toda la fuerza del arte mas primitivo, la escultura en forma de exvotos, diversos y abundantísimos, y por medio del misterioso y espectral arte neolítico, el de las pictografías rupestres estilizadas hasta el máximo grado de abstracción. No pudo ser, pues, lugar de peregrinación del hombre primitivo peninsular ni ruta de devociones ancestrales, sino solaz para los muertos a poca distancia donde sus deudos proseguían su existencia rudimentaria primero y más tarde su empeñada tarea por arrancar al subsuelo sus ricas venas metálicas. La citada caverna del Collado de los Jardines, la de Matamoros, la del Santo y la serie de las de Aldeaquemada, estudiadas por Cabre (Excavaciones en la Cueva y Collado de los Jardines. J.S.E.y A. Pinturas rupestres de Aldeaquemada. Museo Nacional de Ciencias Naturales. Madrid.) el Santuario Ibérico de Castellar de Santisteban un poco más al este—, las cuevas de la Graja (Jimena), al sur y el Camino de la Plata al oeste, componen un anillo dentro del cual queda La Carolina y su comarca, donde sin duda sería muy interesante estudiar las huellas del hombre primitivo. Un vídeo de ejemplo de altazima.blospot.com https://www.youtube.com/watch?v=hvdywAUhXfY Nuestra cultura apenas prolongación de los guijarros en este maremágnum de años luz, no es capaz de descifrar la esencia de las cosas y cambia el sentido de su valor real. Si levantara la cabeza el hombre del cromañón preferiría volver a sus cavernas, a tallar lascas, a hacer fuego con dos troncos y a procurar que sus útiles de caza fueran restos a ganarle su sustento. Si el hombre de las praderas, los bosques, los palafitos lacustres y las selvas viviera entre nosotros sabría hablarnos de otra forma, mezclando en sus palabras saberes ancestrales con ecos de naturaleza y humanidad que ahora despreciamos ante la ingente presencia de la preocupación económica. Si aquellos padres nuestros prehistóricos vivieran un día cualquiera y fueran capaces de asimilar la técnica -tecnología pluscuamperfecta y futurible-, maravillados ante tanta genialidad, adorarían al Hombre, pero, ídolo de pies de barro y cerebro “sapiens” pronto les nacería la desesperanza a poco que ahondaran los reales sentimientos que mueven nuestro mundo. Si aquellas incultas pobres gentes que aún habitan el planeta Tierra pudieran elegir, serían la libertad tan suya, la esperanza de cada nuevo día amanecido y su justicia primitiva impoluta e innata los móviles centrales de sus sencillas vidas. Si nuestra atónita cultura no vuelve, en cierto modo, a sus ancestros, salva las esencias de lo humano y centra nuevamente sus valores ¿qué mundo de humanos hormiguitas con cadenas nos espera, Dios mío, al dictado de la máquina? Nuestra cultura. De Realidad marchita, por Guillermo Sena (Bailén-1944)

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