24h Andalucía.

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La humedad regresa a Doñana tras una década, pero el acuífero sigue en alerta negativa a pesar de reducir su explotación.

La humedad regresa a Doñana tras una década, pero el acuífero sigue en alerta negativa a pesar de reducir su explotación.

La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) ha presentado un informe revelador sobre la salud de los acuíferos de Doñana durante el año hidrológico 2024-2025. Este documento destaca que el Parque Nacional ha experimentado su primer año "húmedo" desde 2010-2011, marcando así el cierre de un extenso periodo seco. Sin embargo, a pesar de esta ligera recuperación, el futuro del acuífero sigue siendo preocupante, con una tendencia general que se mantiene desfavorable.

Según el análisis, las precipitaciones del año hidrológico alcanzaron los 671 mm, un 123% por encima de la media histórica, lo que clasifica este año como húmedo. Este volumen de lluvia se distribuyó de manera desigual entre las estaciones: un otoño normal, un invierno muy húmedo que llegó a alcanzar un 205% de la media, y una primavera que se comportó dentro de los parámetros normales. La variabilidad en estas lluvias demuestra que, para conseguir una verdadera recuperación de los acuíferos, el medio ambiente necesita más que un año excepcional; se requiere un nuevo ciclo de humedad sostenido.

El informe también recoge preocupaciones sobre las temperaturas, que han alcanzado los 19,2 ºC, lo que la convierte en la segunda más elevada desde 1978/79. Esta tendencia al alza está relacionada con meses que han registrado anomalías significativas, especialmente en junio y noviembre, donde un inicio anticipado del estiaje y la tardía llegada del frío han destacado.

En el análisis de los piezómetros, instrumentos que permiten medir el nivel de las aguas subterráneas, se observaron datos preocupantes. De los 289 puntos medidos, se seleccionaron 166 que presentan series continuas desde 1993/94. Aunque la cifra piezométrica se mantuvo en niveles que podrían considerarse coherentes con las precipitaciones, los indicios de deterioro no se pueden ignorar, ya que se comparan desfavorablemente con datos de años anteriores.

Una revisión de los sectores de las masas de aguas subterráneas reveló que hay áreas que muestran un estado acorde con la lluvia, mientras que otras se encuentran en peores condiciones de lo que la pluviometría podría predecir. Estas discrepancias geográficas subrayan la compleja situación del parque y la necesidad de intervenciones urgentes.

El informe también se ocupa de las lagunas peridunares, destacando que la superficie inundada promedio este año es considerablemente inferior a la mediana del periodo de referencia. No obstante, se ha registrado un hito positivo: la laguna de Santa Olalla ha mantenido su lámina de agua durante el estiaje por primera vez desde 2021/22.

En cuanto a los niveles de nitratos en el agua, los resultados son alarmantes. Las concentraciones registradas en aguas superficiales y subterráneas superan los límites aceptables, lo que representa un riesgo significativo para la salud de los ecosistemas circundantes. Estas condiciones ya han llevado a clasificar a algunas masas de agua dentro del parque en "riesgo de no alcanzar un buen estado químico".

El análisis apunta a una evolución negativa en la extracción de recursos hídricos, indicando que a pesar de la reducción en las extracciones desde 2015, más de la mitad de las masas de agua no están en condiciones óptimas, lo que es un claro indicativo de la insostenibilidad de las prácticas actuales.

Urgentemente, la CHG ha hecho un llamado a las autoridades para implementar medidas que prevengan el deterioro y promuevan la recuperación del acuífero. Estas incluyen la eliminación de captaciones ilegales y la limitación de actividades que amenazan las fuentes de agua en la región. Se busca revertir la tendencia actual y volver a los niveles saludables previos a 2000, lo que requerirá la acción coordinada y efectiva de todos los actores involucrados.

Las recomendaciones también incluyen el ajuste de las infraestructuras de abastecimiento y la mejora en la gestión de recursos hídricos. En suma, el futuro de Doñana depende de la voluntad política y de una estrategia robusta y sostenida que priorice la recuperación de sus ecosistemas vitales.