"Recuperación eléctrica en Andalucía: papel clave de la colaboración con Marruecos y la gestión por demanda."
SEVILLA, 2 de mayo. El apagón histórico que sacudió a España el pasado lunes dejó a millones de ciudadanos sin electricidad durante horas, generando un clima de incertidumbre que permanecerá en la memoria colectiva. La falta de suministro impactó en la comunicación, con teléfonos desconectados y el transporte público, como el metro y los tranvías, parando de manera abrupta. Aunque el servicio fue restablecido al día siguiente, la recuperación se realizó de manera progresiva, dependiendo de la comunidad, la provincia e incluso la calle.
En Andalucía, las últimas áreas afectadas por el corte de energía durante la mañana del martes se localizaban mayormente en el este, en provincias como Jaén y Almería. Este fenómeno se atribuye a la menor densidad de líneas eléctricas en esa región y a la gestión del suministro basada en la demanda y la cobertura de servicios esenciales. Antonio Gómez, catedrático de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Sevilla, explica que la conexión con Marruecos desde el Campo de Gibraltar facilitó la restauración del servicio en el sur del país.
Esta interconexión con el país vecino se produce en Cádiz, lo que permitió que la recuperación del suministro progresara más rápidamente en Sevilla que en Almería. Gómez destaca que en la zona occidental se encuentran relevantes instalaciones como la central nuclear de Almaraz y la Central Térmica de Los Barrios, que tienen mejor infraestructura para realizar un restablecimiento más eficiente.
El catedrático advierte que, en caso de que Marruecos no estuviera conectado a la red, el restablecimiento del servicio habría comenzado igualmente por el oeste, pero dependería de múltiples factores, como la demanda y la red disponible en otras áreas. Además, menciona que si la central térmica Litoral de Almería no estuviera cerrada por políticas de descarbonización, la reposición del suministro podría haberse efectuada más rápidamente en esa área.
En relación al motivo del apagón, Gómez abordó la controversia sobre si una excesiva dependencia de la energía fotovoltaica fue la causante del incidente. Destacó que el lunes anterior se registraron más de cuatro gigavatios de energía solar, por lo que considera que ese no es el problema. Resalta que fue una confluencia de varios factores que desencadenaron el colapso del sistema eléctrico, incluida una posible desconexión en cascada de varias centrales, un detalle que espera que Red Eléctrica aclare.
Por otro lado, Gómez hace hincapié en que la transición de energía convencional a fuentes renovables, como la solar y la eólica, ha general un tipo de inercia mecánica inferior. Este fenómeno implica que la energía generada por turbinas convencionales ayuda a estabilizar la red ante fluctuaciones, un desafío que se agrava al depender más de energías renovables, que responden más rápidamente a los cambios en la producción de electricidad.
Sin embargo, el experto señala que, aunque la inercia es un concepto técnico complejo, las tecnologías modernas como los sistemas fotovoltaicos son capaces de ajustar su potencia de manera muy precisa y rápida, gracias a sus convertidores electrónicos. Durante las primeras horas tras el apagón, fue la energía hidráulica la que primó en la reposición del suministro, mientras que la energía nuclear, una vez desconectada, requiere un tiempo considerable para volver a activarse.
Señala también que el operador del sistema se esfuerza por mantener la inercia dentro de márgenes seguros para prevenir futuras eventualidades. Gómez aclara que tanto la energía fotovoltaica como la eólica tienen una capacidad de regulación que no siempre es reconocida por el público.
Respecto a las causas del apagón, todavía no se ha determinado si fue motivado por una baja de generación eléctrica o por un exceso, lo que ha generado interrogantes en la comunidad técnica. Gómez subraya la necesidad imperiosa de contar con almacenamiento eléctrico eficaz para gestionar la energía renovable, que actualmente enfrenta dificultades para ser incorporada completamente al sistema, lo que se traduce en vertidos innecesarios.
El catedrático destaca que, lamentablemente, la falta de avance en este sector en España, en comparación con otros países, se debe a políticas administrativas deficientes. A modo de advertencia, recuerda que apagones de gran escala no son algo nuevo en la historia reciente de España y señala un caso notable ocurrido en 1981, así como otro en Italia en 2003 que afectó a millones de personas.
Para concluir, Gómez manifiesta que no existe un sistema completamente infalible y plantea que, para evitar apagones, sería necesario multiplicar por varias veces la inversión en infraestructura. A pesar de su escepticismo sobre futuros cortes eléctricos, se solidariza con la incertidumbre que enfrenta el sector eléctrico y los ciudadanos en general, recordando que, aunque poco probable, cualquier imprevisto puede ocurrir en el futuro.
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